Fernando Bartolomé Zofío

Roland Dyens y el precio de la libertad

Roland Dyens y el precio de la libertad

Por Fernando Bartolomé

Roland Dyens fue un intérprete y compositor contemporáneo que, a tenor de sus grabaciones, nunca llegó a interesarse por la música barroca. Sin embargo, es curioso que en su primer recital como joven alumno, recuerda él, tocó una sencilla pieza de Robert de Visée, laudista, tiorbista, guitarrista y compositor barroco. Quizás fue algo casual este detalle, pero lo cierto es que si algo tenían en común los músicos barrocos es que acostumbraban a improvisar muy a menudo, a veces siempre. Y es que uno de los pilares de la figura de este guitarrista, habilidad ajena al perfil del músico clásico actual,  fue la improvisación.

Durante toda su carrera tuvo el gusto, y el valor, de abrir todos sus conciertos con una improvisación con una única premisa: debía iniciarse con su mente lo más vacía posible.

Él mismo cuenta una anécdota que revela su comodidad en el limbo de la improvisación y el papel en blanco.

Estaba improvisando, como tantas otras veces, una pieza para iniciar su concierto de París.

Corría el año 1986 y los teléfonos móviles que existían en ese momento no eran parecidos a los de ahora. Uno de los más famosos de la década de los años 80 estaba construido por Nokia y se diferenciaba básicamente con los de ahora en que valía unas 3 o 4 veces el precio de un iPhone actual y pesaba cerca de 10 kilogramos.

Como os podéis imaginar no había ningún móvil en la sala y menos en el bolsillo de ningún espectador, pero lo que sí existían, y muy sofisticados, eran los relojes y las alarmas.

Roland Dyens inicia su improvisación, está afinando con la sala, con el público y con sus sensaciones, cuando se dispara la canción tradicional Oh Susana! proveniente de algún reloj o despertador en algún lugar de la sala. Empieza a distraerse, a perder la orientación y a volver a tener la sensación del frío, del calor, de la respiración, del ruido, de las luces, de sus pensamientos… De sí mismo tocando. Lo cual es un serio problema para la concentración.

La magia se acaba.

Roland cuenta cómo empieza a dudar si parar e irse o seguir sufriendo. Empezar de nuevo es una opción. Mientras, sigue avanzando a tientas, pero no deja de pensar y no está a gusto. No hay forma de creer en la magia si estás pensando en el truco. Aunque son tan solo unos segundos os puedo asegurar que pueden parecer minutos. En lugar de parar decide escuchar la melodía mientras sigue tocando.

Es muy aguda y está en un tono bastante desagradable para la guitarra, pero empieza a buscar las notas y a tocar sobre la electrónica Oh Susana. Primero al unísono y luego desarrollando el motivo. La magia vuelve a aparecer y cuando Roland termina su improvisación es recompensado con una de las ovaciones más rotundas de toda su carrera.

Roland respira satisfecho y me imagino que alguien del público respira, sin más, alegre por estar vivo. El músico francés no acostumbraba a ser muy amable cuando no se encontraba a gusto.

Esta anécdota muestra la faceta creativa de Roland Dyens, y a través de él, de su filosofía, de su obra y de su pensamiento vamos a adentrarnos en el mundo de la improvisación.

En este artículo me gustaría hablaros de este extraordinario músico, de qué significa la improvisación para él, cómo se encara, si se puede enseñar y si es así qué se necesita, de Dios, de la buena música y de la mala, del músico verdadero… En realidad, cuando hablamos de improvisación hablamos de libertad y este será un punto que resaltaré porque, por encima de todo, Roland Dyens fue un músico que tuvo como objetivo atraer, más que un público de especialistas, a un público de gente curiosa y abierta que gustase de escuchar a alguien libre que se atreve a ser uno mismo.

Una isla en el mundo de la música clásica.

ROLAND DYENS

Aunque nació en Túnez en el año 1955, vivió principalmente en París hasta el día de su muerte, el 29 de octubre de 2016, y se le puede considerar más que nada un músico francés. Dejó un legado de obras y grabaciones dignas de ser recordadas.

Hay muchas composiciones originales, me encantan su Libra sonatina o la Saudade nº 3, pero también hay arreglos de gente como Django Reinhardt, Antonio Carlos Jobim o Thelonius Monk que valen su peso en oro y que traen una vitalidad nueva para obras como Nuages, Felicidade o Round Midnight. Se pueden escuchar grabaciones de su propia obra en Night And Day, Nuages o en Chansons françaises volume 1-2, entre muchas otras.

Fue un guitarrista y compositor con una sensibilidad extraordinaria, de formación clásica, que se encontraba más a gusto en la tradición antigua del intérprete-compositor, pack indivisible e innegociable para él. De hecho, él siempre confesó que sus mejores amigos fueron aquellos con este perfil como los hermanos Assad, Nikita Koshkin o Dusan Bogdanovic.

Aunque bebía de las fuentes de la música popular y del jazz jamás querría ser etiquetado dentro de ninguna de estas categorías.

¿Qué nos queda entonces?

Un músico libre que huía de las etiquetas, porque si algo quería ser era un reflejo de sí mismo. Suena un poco grandilocuente, pero ¿qué gran músico no aspira a ese deseo? Alguna vez le escuché decir que simplemente se veía como una persona muy curiosa e inquieta y que más que decir le gustaba sugerir. No hacía jazz, pero tomaba cosas del jazz. No hacía música popular, pero sin duda se apropiaba de decenas de melodías. No era un músico clásico al uso porque no es muy habitual ver a intérpretes compositores y menos aún a intérpretes improvisadores.

Roland Dyens, músico curioso, ambicioso, sensible, imaginativo y libre

LA LIBERTAD SEGÚN ROLAND DYENS

Como decía al principio del artículo, Roland Dyens tenía la costumbre de empezar sus actuaciones a solo con una improvisación. Y ¿qué es lo que le impulsaba a realizar tan arriesgada maniobra en el mundo clásico, tan tecnificado y cerrado? Según él mismo decía había cinco cosas que le incitaban a ello:

  1. Relajarse.
  2. Seguir una especie de rutina supersticiosa.
  3. Probar la acústica de la sala.
  4. Observar la reacción del público.
  5. Unirse a una tradición de antiguos músicos improvisadores del Renacimiento y Barroco, sobre todo laudistas.
 

Yo mismo en una ocasión tuve la ocasión de preguntarle por lo que esperaba, musicalmente, de estas improvisaciones y su respuesta fue algo así como un nada. Apelaba a la regla no escrita en la que la música improvisada igual que viene se va y desaparece. Lo que le da su sentido total es la magia de ese momento, la atención a él y la desaparición de la realidad exterior. Un momento en el que solo existe el sonido y uno deja de estar para ser. Uno de los máximos expertos en el arte de la improvisación, Stephen Nachmanovitch, dice algo así en Freeplay como que para el arte aparezca el artista tiene que desaparecer. Y ese es el momento que Roland Dyens buscó toda su vida, por encima de sus composiciones. Conectar con uno mismo para expresar y facilitar al público esa desaparición de su realidad mundana con su música.

Y para el momento del inicio del concierto Roland no tenía nada preparado previamente. Uno de sus requisitos autoimpuestos era intentar llegar a ese punto lo más vacío posible. A veces tenía un motivo rondando por su cabeza, pero él aseguraba que su inspiración casi siempre llegaba a partir de una nota, un acorde, una progresión… Y esto es la libertad.

Le propusieron por un tiempo seminarios para enseñar el arte de improvisar y acabó por desistir del intento. “No se puede improvisar la improvisación” decía el músico francés y aunque no estoy de acuerdo con ella sí puedo entender su verdad. Para improvisar realmente cada uno tiene que encontrar su propia voz, nadie puede hacerlo por ti, pero siempre es instructivo ver cómo alguien lo ha hecho y qué caminos ha seguido. El caso es que Roland vio infructuosos sus esfuerzos por transmitir su sabiduría con la improvisación y las razones podemos encontrarlas en el fondo de la cuestión y en lo que él llamaba la geografía del instrumento.

LA GEOGRAFÍA: LO QUE LOS MÚSICOS ACTUALES NO CONOCEN

¿Qué es la geografía del instrumento?

Hay una frase de Roland Dyens de la que me enamoré por su belleza y por su verdad:

Los guitarristas clásicos conocen muy bien la historia de su instrumento, pero desconocen su geografía.”

Qué manera tan elegante de decir que está muy bien conocer nuestro pasado, aprender de los grandes, de lo que han hecho y dicho porque así uno, apoyándose en otros, puede ir haciéndose grande. Aprende. Tocar obras de otros músicos es enriquecedor, gratificante y placentero. Esto es necesario, aunque no suficiente. Falta algo.

Una de las mayores trabas que encontraba Roland para enseñar a improvisar es que los alumnos no conocían la geografía de la guitarra. ¿Cómo es posible esto? Se preguntaba Roland. Acostumbrado a lidiar con músicos populares para los que no había secretos con la geografía del instrumento esto le descuadraba. Para poder expresar de la manera más libre posible uno tiene que conocer su voz, el vocabulario, el lenguaje, su cuerpo. Para poder improvisar uno tiene que conocer perfectamente el instrumento, en este caso la guitarra.

A nadie se le escapa que hay decenas de buenos libros donde se explican los rudimentos de la música y del instrumento. ¿Cómo es posible que esta sea la mayor rémora? El caso es que Roland se rindió y dejó de explicar cómo hacer para quedarse haciendo.

Yo pienso que el conocimiento de la geografía iba más allá del instrumento. Y de ahí mi encandilamiento con la frase. Para aprender a decir cosas interesantes uno tiene que tenerlas previamente maduradas. Y para ello uno tiene que conocer muy bien su instrumento. Y el principal instrumento de cada uno es uno mismo.

Cuando uno se conoce profundamente puede tener voz propia y puede desarrollar su estilo. Cuando uno no se conoce puede decir muchas cosas pero transmitir pocas, porque el discurso suena vacío. Falso. Lejano.

EL PRECIO DE LA LIBERTAD

Una de las cosas más difíciles en esta vida es tener voz propia. Es muy costoso y lleva mucho tiempo, esfuerzo y humildad. Esta paradoja de trabajar para ser uno mismo. Y esto tiene un precio muy alto, pero una recompensa mayor: la libertad.

La concepción del músico total para Roland era aquella en la que el artista no solo tenía voz propia, única, sino aquella en la que el artista era capaz de crear y de improvisar. Esto es lo que confería plena libertad, porque si hay algo que él quería ser, por encima de todo, era ser libre. Y la improvisación se llega a través de la libre expresión.

¿Y no hay forma humana de aprender esta libre expresión? Aunque Roland se frustró con sus intentos de enseñar sí fue dejando pistas de lo que para él eran requisitos fundamentales. Ejercicios de aprendizaje hay miles. Tratados y libros hay también unos cuantos. En otro momento podré hablar de ellos, pero solo citaré a Jamey Aebersold, Dusan Bogdanovic, Stephen Nachnamovitch, Kenny Werner, Joe Pass o Hal Crook como difusores del arte de improvisar. Y las ideas que para Roland eran claves y necesarias para alcanzar esta libertad de expresión podríamos resumirlas en unos pocos puntos:

  1. Conocer la geografía del instrumento: diapasón, equísonos, timbres, acordes, escalas…
  2. Conocer la geografía de la música: armonía, formas, enlaces,
  3. Conocer la geografía personal: conocimiento de uno mismo.
  4. Escuchar: música de otros y la música propia.
  5. Usar la imaginación.
  6. No tener la obligación de decir muchas cosas.
  7. Perder el miedo a equivocarse.
 

Estos son puntos sencillos de entender, aunque muy difíciles de conseguir, especialmente el último.

Cristopher Small en su magnífico libro Música, sociedad, educación dice que el músico que improvisa intuye, aunque no llegue a expresarlo, que el éxito solo tiene significado cuando existe la posibilidad del fracaso. Y esa era una seña de identidad de Roland. Buscar el reto y jugar en el alambre. Sin red de seguridad. Otro gran precio a pagar por la libertad.

Aunque todos lo sabemos muchas veces lo metemos debajo de la alfombrilla de nuestra conciencia. La libertad tiene un precio bastante elevado. Como decía el paradigmático Osho la libertad da miedo porque no te da seguridad… La propia disposición de mantenerse en la incertidumbre es valentía y es confianza.

EL FILÓSOFO DE ESCENARIO

Solo tuve la ocasión de verle en un concierto, en Córdoba en el año 2003, y de charlar con él para una entrevista, pero tengo la impresión de que era una persona de una sensibilidad extraordinaria que vivía para decir lo que llevaba dentro. Y esto era muy bueno. Era alguien auténtico.

Tengo una imagen en la cabeza con la que me gustaría acabar: un Citroën dos caballos.

Hay una foto en la que aparece Roland en la puerta de un Citroën azul, lleno de pegatinas de la ITV, con el techo descapotable, viejo como el que más pero único como él solo. Desafiando a la sociedad capitalista, a las modas imperantes y, de alguna manera, al tiempo. Veo sus raíces, Francia; en sus pegatinas de inspección del vehículo veo que por más que pase el tiempo sigue vigente; veo el deseo de libertad en la capota; veo a sus admirados laudistas del pasado en la matrícula y la modernidad de su expresión única en su independencia.

Un hombre que, al igual que la improvisación, daba más importancia al proceso que al producto. Todo un desafío a la sociedad capitalista. Roland Dyens, el filósofo de escenario.

The most important thing is when you touch the audience by the way you are, your philosophy at the stage, the way you are on stage…I do my best to approach the people this way and make them feel comfortable and make me also feel comfortable. DYENS

Fernando Bartolomé (2020)

REFERENCIAS

  • Entrevista con Sofia Mazi (2006)
  • Entrevista con Julia Crowe en My first guitar.
  • Entrevista con Fernando Bartolomé (2003)

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Músico titulado por el Conservatorio Superior de Madrid y profesor por la Universidad Complutense, Fernando Bartolomé hace música, la enseña y crea recursos para su difusión y disfrute. Autor de cinco libros para guitarra, ayuda a profesores, estudiantes, familias, aficionados y profesionales de la música a mejorar su rendimiento y a descubrir la magia del sonido a través de su magazine, artículos de opinión, artículos técnicos, perfiles de músicos, composiciones, fichas de ayuda, etc .

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