Fernando Bartolomé Zofío

New old Irish Music

La identidad de un país

O por qué Danny Boy suena irlandés

Fernando Bartolomé

Si hay una cosa en la que todos los deportistas se ponen de acuerdo cuando suben a recibir una medalla en una competición internacional es en decir la profunda emoción que sienten cuando escuchan la música de su himno nacional. Incluso hasta los españoles con un himno tan pachanguero se sienten transformados al oír sus primeras notas.

¿Qué es lo que pasa? ¿Les pagan dinero por fingir esa emoción? ¿Son fans totales de la Marsellesa o de la Marcha Granadera? No creo que sea así, pero algo tiene que haber.

Hay una canción tradicional que está asociada a la identidad irlandesa y que es tratada casi a modo de himno nacional. Me refiero a Danny Boy y su historia es ciertamente increíble porque sufrió más transformaciones que Michael Jackson y quizás no es tan apta para los muy nacionalistas como se piensa.

La fuerza de los himnos

Cada vez que escucho la melodía de Danny Boy se me pone la piel de gallina y me cuesta sacar las notas de mi cabeza unas horas después de haberla escuchado. Es una melodía sencilla que aparentemente no tiene gran cosa, pero que se te pega tanto al cerebro como al corazón.

Danny Boy no es un himno propiamente dicho. No representa oficialmente a su país, Irlanda, pero es cierto que es probablemente la canción irlandesa más famosa de su historia y que se utiliza como tal en todo tipo de eventos. Y además suena a himno.

Un himno es un canto o melodía hecho para celebrar algo. Un hecho histórico, una batalla épica, una gesta extraordinaria. Se usa para honrar a grandes personajes y a dioses. Pero también es una obra musical que está hecha, o se transforma como luego veremos, para representar la unión de una región o país. Algo grandioso que quiere representar las virtudes de su gente, sus valores y su historia, para animar, envalentonar, sufrir o luchar por una causa noble, por una bandera.

Así, cuando escucho Danny Boy, aun siendo de Moratalaz, tengo una idea de lo que puede sentir un irlandés y de lo que representa. Tengo imágenes de su historia, de su gente y de su mismidad.

Con solo unas notas escuchadas con atención me transporto a los campos irlandeses y me uno a su gente. Y eso es lo que pasa con los himnos. Unen. Por eso hay que pedirle a Chipre que o se una a Grecia o que componga un himno nacional nuevo y deje de jaquear el de su país vecino. Por favor.

Danny Boy lleva uniendo irlandeses desde el año 1913, pero su origen no solo es mucho más antiguo sino que ni siquiera es irlandés. Como lo oyes.

Danny Boy. Un caso insólito

La historia es la siguiente. Un abogado con mucho tiempo libre y pocos pleitos, me imagino, escribía letras de canciones sin parar. Llegó a escribir más de 1500 letras, pero había una en especial que le rondaba por la cabeza. Llevaba por nombre Danny Boy y durante mucho tiempo estuvo buscando una música con la que emparentarla. Nada que había escuchado le convencía. Pero todo cambió cuando recibió una breve carta de su cuñada Margaret, la cual no tenía en gran estima al desocupado abogado. Ésta era aficionada a la música y debió olvidar sus rencillas personales en favor de la música. Algo así debió decirle:

Querido cuñado. He escuchado una preciosa canción tradicional y la he transcrito. Creo que puede servir para alguna de tus letras. Te la mando.

Sin cariño.

Margaret.

Así que tenemos un cuadro interesante. Danny boy, la canción más conocida y representativa de la historia de Irlanda, fue compuesta por un autor no músico, Frederic Edward Weatherley, que, para colmo, era originario de Inglaterra, enemiga histórica de Irlanda. Mientras su cuñada y hermano, emigrantes en Estados Unidos, vivían en la pobreza, el abogado triunfó con la asociación de su letra a la música que su cuñada le había enviado. Corría el año 1913 cuando se publicó esta versión.

Pero. ¿cuál era la misteriosa música?

El origen de la música es incierto. Se atribuye a diferentes autores y corresponde a una antigua tonada conocida como ‘Londonderry” o “Derry air” en referencia a la ciudad de Irlanda del Norte. En algunas fuentes aparece Rory Dall O’Cahan como compositor de la pieza, un arpista irlandés que vivió en Escocia en el siglo XVII, pero lo cierto es que el registro más antiguo de dicha tonada se remonta al 1855, incluida como Air en el libro The ancient music of Ireland, de George Petrie.

Cuenta la leyenda que una tal Jane Rossen Limavady tenía un vecino músico que vivía enfrente de su casa. Llevaba por nombre Jimmy McCurry (1830-1910). Era un violinista ciego que tenía la costumbre de tocar en la calle, y en un día de estos de concierto callejero escuchó una música que le dejó impresionada. Tanto que se le metió la música en la cabeza y la única forma de sacarla de ahí fue escribir la melodía de la canción. Ella le pasó la partitura a George Petrie, un polifacético patriota irlandés que fue pintor, músico, arquelólogo, organizador y recopilador de canciones irlandesas que decidió incluirla en su mítico libro de música tradicional.

La historia se completa cuando en 1910 Frederic Edward compone la letra de Danny Boy sin encontrar la música adecuada para ella. Dos años después, su cuñada Margaret, que había emigrado con su marido a Colorado, Estados Unidos, le remitió la música de una canción tradicional que había escuchado a unos buscadores de oro. Probablemente no sabía que la música de esta canción había sufrido más de 90 letras diferentes. El caso es que Weatherley adaptó inmediatamente su letra a la nueva música y la publicó en 1913, convirtiéndola en un gran éxito. Aunque la melodía había sido grabada con anterioridad, la primera grabación de la canción tal y como se conoce hoy en día se debe a la cantante de ópera Ernestine Schumann-Heink en 1915.

¿Por qué Danny Boy suena tan irlandés?

La canción tiene un aire tristón y melancólico contenido, cuya emoción va creciendo poco a poco hasta llegar a un final resignado. La letra de nuestro abogado habla de una despedida, un adiós que puede, y se teme, que sea definitivo. No se sabe si es de una amante a su amado o de un padre a un hijo o qué es. En cualquier caso, acaba diciéndole que le esperará en casa o en la tumba, y que solo descansará cuando a sus pies le diga que le quiere.

Cuando conoces la historia y escuchas la canción ya te imaginas las verdes praderas irlandesas, con vacas y arpistas incluidos. Ahora, que sin conocer la historia escuchas la melodía en el homenaje a las víctimas del 11-s y te dan ganas de abrazar la bandera americana. Por no decir la versión de Elvis Presley, que la grabó diciendo que parecía haber sido compuesto por los ángeles y fue interpretada en su propio funeral. No por él.

Seguro que hay otras piezas con una personalidad más definida que este Danny Boy, pero en este caso, como en tantos otros, la música viaja de un pueblo a otro. Y en el camino se pierden algunas notas. A cambio, en el destino se añaden otras diferentes. Se va modelando con el paso del tiempo y lo que hoy parece definitivo es lo que ha venido cambiando durante siglos.

Para mí, no tiene tanta importancia que el origen de la canción sea irlandés, inglés, celta, romano o vikingo, pero el caso es que el encuentro entre los pueblos propicia el intercambio de usos, costumbres y canciones.

Hay gente que se toma muy a pecho esto del nacionalismo. Es famoso el caso de un propietario de un prestigioso pub neoyorquino, que prohibió que se interpretara Danny boy en su establecimiento aduciendo 2 razones:

  1. Ser una de las 25 canciones más depresivas de la historia.

  2. Ser escrita por alguien no irlandés.

Me quedo con que a este señor no le parece lo suficientemente nacional esta tonada. No solo no le huele a Irlanda tanto como Cooley’s reel o Strike the guy harp sino que encima le huele a inglés. Eso ya sí que es insostenible para él.

La música es compuesta por los músicos porque quieren decir algo y porque quieren que otros disfruten escuchándolos. O sea, escriben música por la música, independientemente de que les paguen mucho, poco o nada y de que sean un encargo para el funeral de Luis XIV o para las bodas de los duques de York.

Cuando un deportista sube a un pódium para recibir una medalla y suena la música de su nación, aunque nunca haya tenido especial vinculación con ideas nacionalistas, de repente, se vuelva más papista que el Papa. O más patriota que el rey. Es el poder de un símbolo, la bandera, disparado con la metralla de una bomba: la música asociada. Lloran porque de repente se sienten unidos a todo un colectivo gigantesco, a algo más grande que ellos y a través de un símbolo, cogidos de la mano de la música.

Danny Boy suena irlandés porque ha sido tocada durante siglos en la zona de Irlanda. Pero también en Inglaterra. Y también en Estados Unidos y probablemente en otros sitios. Lo cierto es que Irlanda, el pueblo, algún político o gente poderosa ha decidido que la esencia del país se encuentra en este maravilloso aire y a base de repetir esta asociación ha ido quedando en el subconsciente colectivo hasta hoy.

La música sirve para entretener, divertir, inspirar, pero también para dar fuerza a una bandera, unir personas frente a un enemigo, sufrir dignamente por un ideal o para dar brillo y esplendor a una empresa o a una nación.

Alguien eligió Danny Boy como un auténtico himno irlandés, y yo lo acojo como un auténtico himno producto de la inspiración e imaginación de nuestros ancestros, y disfruto de su encanto con todo el peso del pasado y el aire del presente.