Fernando Bartolomé Zofío

Moisés P. Sánchez y los 3 obstáculos para convertirse en músico

Moisés P. Sánchez y los 3 obstáculos para convertirse en músico

Por Fernando Bartolomé

Los músicos empleamos tantas y tantas horas practicando para ser mejores que a veces se nos pasa por alto hacernos una simple y trascendental pregunta:

¿Por qué hago música?

Stravinsky decía que cuando empezaba a componer la mayoría de las veces no tenía una idea clara de lo que quería decir, pero sí era capaz de decir con precisión lo que no quería. Quizás se pueda formular la pregunta empezando por la otra cara de la moneda:  

¿Por qué no puedo hacer música?

Para contestar a esta complicada pregunta hemos acudido esta vez al albor de un grande del panorama musical internacional como es el pianista y compositor español Moisés P. Sánchez. Éste tiene 7 trabajos discográficos en solitario con música amalgamada y vestida con traje de jazz, recogiendo influencia del rock, del clásico y de cualquier otro estilo que le llegue hondo. Además ha colaborado con músicos de la talla de Chano Domínguez, Chuck Loeb, Jorge Pardo, Ara Malikian o Chema Vílchez.

Pues bien, Moisés P. Sánchez dice que hay tres obstáculos que aparecen de manera tanto sutil como reincidentemente:

  1. Alardear.
  2. Juzgar.
  3. Esconderse.

Todos los músicos que hemos querido ser los mejores estábamos deseando hacer las endemoniadas escalas y los arpegios que hacían los virtuosos de turno, y para ello tocábamos decenas de horas a la semana. Queríamos tener ese “poder sobrenatural” de los músicos elegidos para impresionar al mundo, o a la vecina del quinto, pero ese era uno de nuestros deseos: el nuevo Paganini.

Y este tan elogioso y legítimo deseo es uno de los grandes obstáculos para ser un músico porque lo que es una virtud como otra cualquiera, la velocidad, si no está al servicio de la música y se pasa al servicio de la mera apariencia se convierte en un número circense, vacío de contenido, huérfano de esencia y deshecho artístico.

Si conseguimos salvar este obstáculo, con el tiempo y la madurez se empiezan a buscar otras vías, además de la velocidad y el virtuosismo vacío.

Cuando ya hemos escuchado suficiente música como para opinar con cierto criterio y tocado algunas semifusas, y silencios, con cierto criterio, aparece un segundo obstáculo: el juicio de valor. Ya somos entendidos, vamos a muchos conciertos y nos vemos en la situación de poder criticar los puntos débiles y omitir las fortalezas de cualquiera. Da igual que en ciertos aspectos nos den cien vueltas como músicos, si vemos una falla atacamos.

Y lo peor de hacer estos juicios de valor destructivos es que nos olvidamos de lo más importante: disfrutar de la música.

Moisés, cargado de razón, se pregunta: ¿Y a quién le importa tu opinión? Disfruta y aprende de lo bueno.

Un tercer obstáculo para convertirse en músico son las máscaras que usamos para escondernos. ¿Escondernos de qué o de quién? La realidad es que nos escondemos de nosotros mismos. Porque no hay nada más amenazador que mostrarte como eres. Y eso es lo que hace a un músico inolvidable e infinito: ser uno mismo.

Por supuesto que necesitamos la técnica para decir lo que se quiere decir y eso implica horas de mucho trabajo.

Por supuesto que se necesita analizar y copiar a los grandes y aprender de ellos lo que nos gusta y lo que no.

Pero lo que va a permitir al músico acceder a la profundidad y alegría de la música, a la belleza, es estar libre de juicios, envidias y miedos. Cuando dejamos a un lado el ego y la necesidad de criticar a los demás para que la gente nos valore empiezan a pasar cosas. Entonces uno empieza a ser uno mismo y a brillar con luz propia. No necesita robarle los focos a nadie para ser visto.

¿Por qué hacemos todo esto?

El primer obstáculo pienso que es una cuestión de acallar cualquier crítica. Se trata de demostrar que tenemos ese poder de los elegidos y recibir las etiquetas de bueno, virtuoso, grande… Creo que se trata de miedo a que nos digan que no somos suficientemente buenos.

El segundo obstáculo es una cuestión pura y llana de ego. Cuando no hay seguridad en nuestra propia actuación o queremos triunfar a cualquier precio nada mejor que demostrar las virtudes propias pisoteando las del vecino.

La tercera traba creo que se refiere al miedo. El miedo a mostrarse como uno es. Con su lenguaje, sus muletillas, sus limitaciones y sus tonterías. Pero este es el momento en que más nos podemos acercar a la dicha de ser músicos.

¿Qué podemos hacer para superar estos obstáculos?

Está claro que la respuesta sencilla y lógica sería, según lo que hemos visto: no alardees, no critiques y no te escondas. Pero es que podemos resumirlo más todavía:

Sé verdadero y transparente.

Esa es la sencilla receta de Moisés P. Sánchez. Pero ¿qué es ser verdadero y transparente? Y para esa pregunta voy a acudir directamente a la fuente original: su música.

A mí su música me recuerda a veces a Pat Metheny o a veces a Chick Corea, pero cuando me meto en ella lo único que escucho es otra cosa: Moisés.

No tiene miedo de hacer melodías sencillas, a base de negras y blancas, sin más. En su pieza Metamorfosis muestra una sencilla melodía que va creciendo hasta ir a parar al abismo en el minuto 1,58, en el que se produce el silencio. Valiente.

En su música, salvo la improvisación que se alza como valor fundamental de su arte, no encontramos un patrón estilístico fijo y, como decía antes, no duda en coger de otros lo que considera que es nutritivo para su música. Deja su ego en el aparcamiento y lo mantiene vigilado.

Me da la impresión de que es de la cuerda de Pat Metheny cuando dice que no le preocupa mucho definir su estilo porque es capaz de tocar lo que quiere de la forma que quiere. En Simbiosis nos habla de esta mezcolanda que es él.

Por último, escuchando su música, y la música de otras personalidades únicas, tengo la impresión de que más que ser buen músico, que lo es, sabe muy bien lo que quiere y lo que no quiere, y por encima de todo se conoce extraordinariamente bien. Esto le permite desnudarse y expresarse tal y como es, y nos permite a los demás disfrutar de una sensación de infinitud que nos deja con una sonrisa en la boca y apreciar la belleza en estado puro.

Acabo con palabras textuales de Moisés que resumen mucho mejor todo lo dicho anteriormente sobre la música y sobre el vehículo que utiliza:

La improvisación debe servir para mostrar tu ser.”

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