Fernando Bartolomé Zofío

Lo que aprendí de las clases a distancia

Sorpresas de las clases a distancia

Fernando Bartolomé


MUSEDOFÍA

Los músicos sabemos qué es lo que significa trabajar en aislamiento y la soledad. Han sido miles de horas, literal, en casa con nuestros instrumentos y papeles, y tan solo unos cientos de horas de supervisión. Pero lo que estamos viviendo en estos momentos de pandemia es una cosa diferente que nos está poniendo a prueba.

Aunque me considero una persona que está al día en las tecnologías no me podía hacer una idea de lo que supone realmente trabajar a distancia, desde casa, porque con lo que me he encontrado es que tengo menos tiempo que nunca y soy incapaz de mantener un horario razonable y, sobre todo, limitado.

Me he encontrado con un estrés por el tiempo de trabajo y la cantidad de herramientas que tenemos a nuestra disposición: Skype, Zoom, YouTube, Udemy, Loom, Whatsapp, Email… A todo esto le sumamos programas para elaborar el material para los alumnos: Word, Conversores de audio, Camtasia, Sibelius, Photoshop, Reaper…

Después de darme unas cuantas veces con el muro de la costumbre lo que he podido comprobar es que:

  • No se puede seguir el ritmo de clase normal. No pueden ser las mismas clases de antes, pero a distancia. Es otra cosa.
  • Con los niños más pequeños basta que toquen un rato su repertorio y que vean a su profesor por esta “ventana” digital para alegrarles el día y mantener el instrumento fuera de la funda.
  • Todos los profesores de todas las asignaturas queremos que los alumnos tengan el material en sus ordenadores y que sepan exactamente lo que tienen que hacer. Esto genera una saturación en padres y alumnos que lleva al colapso.
  • El ritmo de aprendizaje es muy variable. Algunos alumnos necesitan mucho más material de lo normal y demandan más trabajo, mientras que otros prefieren estar con pocas novedades y mejorar con ellas.
  • El material primario del profesor de instrumento son las partituras, así como el de Lengua son los libros o el de Dibujo las pinturas. La educación a distancia fuerza a crear un material de apoyo en forma de audios, vídeos y PDFs muy detallados para despejar confusiones en el alumno. Y a veces los detalles en lugar de ayudar abruman. Tenemos que aprender a elaborar material para ser entendidos y para atraer al alumno.

“Las clases a distancia no serán sustitutivos de las presenciales pero sí constituirán un complemento de gran valor, y todo lo que se aprenda ahora podrá seguir usándose después.”

COSAS BUENAS

Lo bueno de todo esto es que hay cosas que pueden salir fortalecidas de todo este proceso. Más que acumular contenido es una buena oportunidad para madurar lo que tenemos y para examinar nuestros hábitos.

Quien no se organice de alguna manera está destinado al fracaso. Se va a encontrar con mucho trabajo y poco rendimiento. Aquellos que sepan buscar lo que verdaderamente necesiten van a verse fortalecidos. Aquellos que sean capaces de hacer el rol de tirano que antes hacían sus profesores, jefes o superiores van a conseguir aprovechar las oportunidades que ahora se presentan y a van a comprar el primer plazo para la verdadera libertad.

Los profesores, además de ponernos al día con nuevas tecnologías y hacerlo llegar a los demás, estamos obligados a aprender a elaborar material conciso y claro, dar indicaciones precisas y guiar y motivar en el proceso. Las clases a distancia no serán sustitutivos de las presenciales pero sí constituirán un complemento de gran valor, y todo lo que se aprenda ahora podrá seguir usándose después.

El alumno tiene a su disposición no solo el material que en un principio le corresponde o figuraba en su programa sino el material de todos los alumnos. Tiene más opciones de escoger repertorio, dificultad y ritmo, y tiene más facilidades para estar conectado con lo que hacen sus compañeros.

La no presencia de las clases, en un principio, empeora mucho el ritmo y el pulso. Parece que todo se relaja y se es menos exigente.  Al enviar material en audio y vídeo para que los alumnos toquen encima se produce una rectificación en los hábitos de continuidad y precisión que les lleva a ser más conscientes y exigentes con su interpretación.

Por último, una de las herramientas más importantes en estos días para evaluar los progresos es la grabación. A nadie se les escapa que la grabación es uno de los espejos más terroríficos al que se puede enfrentar el músico. Salen todos los fallos, inconsistencias y debilidades. Pero también sabemos que es una de las herramientas más poderosas para el aprendizaje y la mejora. Y es que cuando uno se graba puede estar muy pendiente de cosas que se le pasan por alto, sobre el pulso, el ritmo, el sonido, el fraseo, las dinámicas… Y en estos días, los alumnos se están grabando más que nunca.

A veces nos podemos llevar sorpresas de cosas inesperadas. Mi deseo es que este trabajo forzado en cuarentena no caiga en saco roto.

Fernando Bartolomé (2020)

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Músico titulado por el Conservatorio Superior de Madrid y profesor por la Universidad Complutense, Fernando Bartolomé hace música, la enseña y crea recursos para su difusión y disfrute. Autor de cinco libros para guitarra, ayuda a profesores, estudiantes, familias, aficionados y profesionales de la música a mejorar su rendimiento y a descubrir la magia del sonido a través de su magazine, artículos de opinión, artículos técnicos, perfiles de músicos, composiciones, fichas de ayuda, etc 

Sus obras han aparecido en revistas como Classical Guitar Magazine o Akustik Gitarre

 

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